El Val di Zoldo no perdona y este año la meteorología parece dispuesta a elevar el apellido 'Extreme' a una dimensión desconocida para los más de mil valientes que se citan en Forno di Zoldo. Los partes de última hora confirman un frente de inestabilidad que dejará cotas de nieve residual en los pasos superiores a los 2.400 metros, transformando los senderos técnicos bajo el Monte Civetta y el Pelmo en un auténtico rompepiernas de barro y roca resbaladiza. No es una edición cualquiera; la DXT 103K, con sus brutales 7.150 metros de desnivel positivo, se presenta como una trampa de fatiga donde la gestión del material obligatorio será más determinante que el ritmo por kilómetro.
El factor Euforia y la tecnicidad del terreno
La gran incógnita de esta semana se centra en la DXT 72K Euforia. A diferencia de su hermana de distancia similar, la DXT 72K convencional que arranca el sábado, la versión Euforia despega en la medianoche del viernes, obligando a los corredores a negociar secciones de cresta altamente técnicas bajo una oscuridad que, según las previsiones, estará acompañada de niebla cerrada. Los veteranos del lugar saben que en los Dolomitas de Belluno el crono es relativo; los single tracks que rodean el macizo del Tamer-San Sebastiano exigen una propiocepción absoluta para evitar lesiones en los tobillos antes de alcanzar el ecuador de la prueba.
Duelos en la distancia corta y explosividad
Mientras los ultreros sufren el desgaste de las horas, la atención el domingo virará hacia la DXT 22K y la DXT 11K. En estas distancias, la élite regional italiana ha confirmado una participación que busca romper los récords de ascenso al vivac de Casera de la Grava. Se espera una salida eléctrica donde el ácido láctico quemará desde el primer kilómetro, contrastando con la estrategia de supervivencia que veremos en la DXT 55K, donde el paso por el Passo Staulanza suele dictar sentencia para quienes se han excedido en el empuje inicial.
La organización ha reforzado los puntos de control en las zonas de mayor altitud ante la posibilidad de ráfagas de viento que podrían comprometer la seguridad en los tramos expuestos. La clave estará en la capacidad de adaptación a un terreno que cambia de fisonomía con cada chubasco, convirtiendo bajadas que deberían ser rápidas en descensos precavidos donde el uso de bastones será innegociable para mantener la verticalidad.