El asfalto de Villanueva de los Infantes no entiende de treguas veraniegas cuando las antorchas comienzan a arder. Este sábado, la XXIV Carrera Popular de las Antorchas no es solo una cita más del Circuito de Ciudad Real; es el escenario donde Andy Morales y Queralt Criado pretenden dinamitar, por tercer año consecutivo, las leyes de la lógica en el Campo de Montiel. Tras pulverizar los cronos en 2025, con marcas de 30:50 y 35:17 respectivamente, ambos atletas llegan con el punto de mira puesto en una nueva frontera que parecía inalcanzable para un circuito urbano tan exigente.
No será un paseo triunfal. El trazado de 10K, diseñado a dos vueltas de 5 kilómetros, es un auténtico rompepiernas que serpentea por el casco histórico. Aquí, el ritmo de crucero se paga caro si no se gestionan bien los giros cerrados y los ligeros desniveles que, aunque el perfil oficial marque cero, castigan el cuádriceps en cada cambio de dirección. La clave estará en el paso por el ecuador de la prueba: quien no cruce la Plaza de San Juan con las piernas frescas para la segunda vuelta, se enfrentará a una pájara monumental bajo el calor residual de agosto.
La meteorología jugará su propio papel. Se esperan temperaturas que rondarán los 25 grados a la hora de la salida, a las 21:00 horas, lo que obligará a los corredores a no saltarse ni un solo avituallamiento. En la zona noble de la tabla, los especialistas en 10.000 metros saben que el drafting en las rectas más largas será vital para ahorrar vatios antes del asalto final a meta. El ambiente, con la animación de Carlos Speaker y el calor de las antorchas, empujará a los populares, pero la élite sabe que el récord solo cae si se corre con el cuchillo entre los dientes desde el primer mil.
Mientras los más jóvenes calientan motores en las Carreras Mini del viernes, el sábado el foco estará en si Morales puede limar esos segundos extra a su propio récord o si algún tapado del circuito provincial logra aguantar el pulso a los vigentes campeones. La estrategia está clara: salir a fuego, negociar las curvas con precisión de cirujano y vaciarse antes de que la última antorcha se apague.