Apenas 48 horas después de que el pelotón profesional de la Vuelta a España haya dejado sus huellas en las rampas de Almería, los aficionados tienen la oportunidad de medir su propio umbral de lactato en el mismo escenario. La XXII Marcha Ciclodeportiva Las 4 Cimas no es una cita más en el calendario; es un calco del misticismo de la Sierra de los Filabres, donde el asfalto se retuerce buscando el cielo de Calar Alto.
Velefique y la sombra de los profesionales
La verdadera noticia este año reside en la conexión temporal con la gran ronda española. Los participantes de la distancia de 115 kilómetros se enfrentarán a un trazado que respira el mismo aire que la etapa reina disputada hace apenas dos días. Con 2.850 metros de desnivel positivo, el recorrido no ofrece tregua. El Alto de Velefique, bautizado para la ocasión como Cima Rodríguez Magro, se erige como el gran juez de la jornada. Sus herraduras infinitas y su pendiente media sostenida obligarán a los ciclistas a regular el desarrollo desde el primer kilómetro para no pagar el peaje del desfallecimiento antes de tiempo.
El muro invisible de Calar Alto
Si Velefique pone a prueba el corazón, la ascensión final al Observatorio de Calar Alto (Cima Xavi Tondo) es un desafío psicológico. A más de 2.000 metros de altitud, el aire escasea y el drafting pierde su efecto frente a la gravedad pura. No hay donde esconderse. Para quienes prefieren una jornada menos agónica, el recorrido corto de 58 kilómetros permite saborear la esencia de Gérgal sin necesidad de entrar en la zona roja de las pulsaciones durante horas.
La organización, liderada por el veterano Juan Martínez Oliver, ha confirmado que el control de llegada en Gérgal se cerrará a las 16:00 horas. Esto impone un ritmo mínimo exigente, especialmente para aquellos que se queden cortados en los primeros repechos del Alto de Castro. No es solo una marcha; es una cronoescalada encubierta contra el propio cronómetro y el calor almeriense, que suele apretar con fuerza en las zonas bajas antes de la tregua térmica de las cumbres. Las inscripciones han volado, confirmando que el hambre de puertos de categoría especial sigue intacto entre la grupeta nacional.