Antoine Guillon no viene a Menorca a pasear por las calas; viene a ejecutar una partitura que conoce de memoria, aunque este año el guion presenta fisuras por las que asoma la rebelión vasca. El veterano corredor francés, con siete victorias en su palmarés, vuelve a situarse en la línea de salida de Ciutadella para defender su corona en la TMCdC 185 km. Sin embargo, el runrún en los boxes de la organización apunta a una obsesión colectiva: bajar de las 18 horas, una barrera psicológica que el año pasado estuvo a punto de saltar por los aires en un final agónico.
El fantasma de Pablo Ibáñez y la gestión del esfuerzo
La verdadera noticia no es la participación masiva de 3.000 corredores, sino la revancha táctica que se gesta en la cabeza de carrera. Tras el duelo fratricida de la pasada edición, donde Guillon cazó a Pablo Ibáñez a escasos 50 metros de la meta tras 185 kilómetros de persecución, el bloque nacional llega con la lección aprendida. Se acabó el salir a tumba abierta para desfallecer en los últimos 13 kilómetros de single track técnico. Los favoritos saben que el Camí de Cavalls no perdona los excesos de ritmo en el sector norte, un auténtico rompepiernas de roca afilada que destroza los cuádriceps antes de llegar al ecuador de la prueba.
La humedad: el enemigo invisible del GR 223
Las previsiones meteorológicas para este fin de semana en las Islas Baleares marcan una humedad relativa superior al 85%, un factor crítico que transforma el terreno en una sauna pegajosa. Esta condición acelera la deshidratación y convierte las transiciones en puntos de control estratégicos. No solo sufren los atletas de la ultra; los corredores de la TMCN 100 km, que arrancan desde Maó bajo el manto estrellado, se enfrentarán a un rocío nocturno que hará de las piedras de Cavalleria una pista de patinaje. Aquí, la elección de los tacos y la gestión de las sales marcarán la diferencia entre el podio y la pájara monumental.
Mientras la élite se vigila de reojo, el grueso del pelotón se reparte en las distancias más explosivas. La PTCN 58 km y la PTCS 44 km han agotado dorsales en tiempo récord, confirmando que el trail running en Menorca ha dejado de ser un evento local para convertirse en una cita de peregrinación europea. El terreno es engañoso: poco desnivel acumulado sobre el papel, pero una tecnicidad constante que impide coger un ritmo estable. En el Camí de Cavalls, o dominas el terreno o el terreno te devora a cada zancada.