Veinte atletas con marcas personales por debajo de las 2 horas y 10 minutos se citan este domingo en los Campos Elíseos con un objetivo que trasciende la victoria: dinamitar el orden establecido. Tras años de monopolio absoluto de las zancadas etíopes y kenianas, el Schneider Electric Marathon de Paris presenta en 2026 una de las listas de élite más densas y ambiciosas de su historia, donde los nombres europeos ya no viajan como meros figurantes.
El foco de los analistas está puesto en el italiano Yemaneberhan Crippa, quien llega tras pulverizar el récord nacional de su país con un estratosférico 59:01 en medio maratón hace apenas unas semanas. Crippa lidera una avanzadilla continental que incluye al noruego Awet Nftalem Kibrab —tercero en Valencia con 2:04:24— y al suizo Matthias Kyburz, el especialista en orientación reconvertido al asfalto que ya sabe lo que es rodar en 2:06. Este contingente busca aprovechar un circuito que, aunque no es un llano perfecto, permite ritmos de vértigo si se gestiona con inteligencia el paso por los adoquines iniciales y el temido rompepiernas del Bois de Boulogne.
No será una tarea sencilla. El bloque africano defiende su feudo con piezas de calibre mundial como el etíope Kinde Atanaw (2:03:51) y el campeón del mundo en Budapest, el ugandés Victor Kiplangat. La estrategia de carrera se prevé agresiva desde el pistoletazo de salida, con liebres programadas para pasar el ecuador en tiempos que pongan contra las cuerdas el récord del circuito de 2:04:21. El factor determinante podría ser la gestión del viento en los tramos abiertos junto al Sena, donde una mala colocación en el grupo puede provocar una pájara irreversible antes de alcanzar el kilómetro 35.
En el cuadro femenino, la keniana Magdalyne Masai parte como la gran favorita con su registro de 2:18:58, pero la noticia es el regreso de la armada francesa liderada por Mekdes Woldu. Tras superar una lesión que lastró su preparación olímpica, Woldu encabeza un trío de atletas locales que buscan el podio en una edición que espera batir récords de participación con 60.000 dorsales en las calles de la Île-de-France. Con una previsión meteorológica de temperaturas suaves y cielos cubiertos, el escenario es idóneo para que el asfalto parisino dicte sentencia sobre quién domina hoy la resistencia mundial.