El termómetro y la altitud: la tormenta perfecta en Segovia
La canícula no da tregua y los partes meteorológicos para este 28 de junio han encendido todas las alarmas en el pelotón amateur: se esperan máximas que rozarán los 35 grados en la subida a Navacerrada. No es una cifra cualquiera cuando hablamos de la XXXI Marcha Ciclodeportiva Pedro Delgado, una cita que este año se ha convertido en un auténtico polvorín táctico debido a la combinación de calor extremo y un asfalto que, en ciertos tramos de la vertiente madrileña, castiga la rodadura más de lo habitual.
El foco de esta edición se centra en la capacidad de resistencia del millar de ciclistas que se enfrentarán al Recorrido Clásico. Hablamos de 164 kilómetros con un desnivel acumulado de 3.200 metros que no ofrecen un solo respiro. La verdadera noticia este año no es solo la presencia del eterno dorsal 1, sino cómo la organización ha reforzado los puntos de hidratación ante el temor de una 'pájara' colectiva en las rampas de La Morcuera. Este puerto, juez y parte de la Sierra de Guadarrama, será el punto donde el grupo principal saltará por los aires. Con un 7% de pendiente media, el drafting dejará de tener sentido y cada corredor quedará a merced de su propio umbral de lactato.
La trampa de los cuatro colosos
Para quienes han optado por el Recorrido Corto, la jornada no será precisamente un paseo por el acueducto. Sus 120 kilómetros y 2.100 metros de desnivel incluyen las ascensiones a Navacerrada y la mítica Navafría, un puerto rompepiernas que suele infravalorarse y donde los calambres suelen hacer acto de presencia antes de encarar el rápido pero técnico descenso hacia tierras segovianas. La estrategia de alimentación será crítica; quien no haya cargado depósitos de glucógeno antes de coronar Canencia, difícilmente llegará con piernas frescas al repecho final de la zona de meta.
El ambiente en los foros de cicloturismo es eléctrico. Se rumorea que varios ex-profesionales de la época dorada del Reynolds acompañarán a Delgado, elevando el ritmo de un pelotón que, aunque no compite por tiempos oficiales de podio, mantiene esa competitividad intrínseca del ciclismo de fondo. La clave estará en gestionar el esfuerzo en los primeros 50 kilómetros para no llegar 'quemado' al encadenado central, donde el aire de cara en las zonas expuestas puede convertir la marcha en una tortura de vatios imposibles de sostener.