El termómetro en Cortina d’Ampezzo amenaza con dictar una sentencia más dura que los 5.800 metros de desnivel positivo de la prueba reina. Mientras los focos apuntan a la línea de salida de la Lavaredo 120K este viernes a las 23:00, la verdadera noticia no es quién llega con más vatios en las piernas, sino quién gestionará mejor una ola de calor africano que promete convertir el ascenso a las Tre Cime di Lavaredo en un auténtico horno de piedra caliza. El récord estratosférico de Hannes Namberger (11:48:05) pende de un hilo, no por falta de talento en el field, sino porque el rendimiento fisiológico cae en picado cuando el mercurio no da tregua ni siquiera bajo las estrellas.
El asalto al trono de la Lavaredo 120K
La lista de inscritos es un campo de minas para cualquier pronóstico. La armada francesa llega con sed de vendetta, pero el foco técnico se centra en la capacidad de los corredores para mantener el ritmo en los single tracks técnicos que conectan el refugio Auronzo con el Paso Giau. En este terreno rompepiernas, la hidratación y el control de la temperatura corporal serán más determinantes que la capacidad de subida pura. Quien fuerce el ritmo antes de tiempo en el Lago di Misurina corre el riesgo de sufrir una pájara monumental antes de ver las primeras luces del alba.
Velocidad y técnica en las distancias cortas
La actividad arranca con la Lavaredo 10K y la 20K, donde los especialistas en skyrunning buscarán exprimir sus pulmones en recorridos explosivos. Sin embargo, la atención de los analistas se desvía hacia la Lavaredo 50K del viernes. Con 2.600 metros de desnivel acumulado, esta distancia se ha consolidado como el test definitivo para los corredores que buscan dar el salto a la ultradistancia sin destruir su musculatura en el proceso. El sábado, la Lavaredo 80K cerrará el bloque competitivo, enfrentando a los atletas a un trazado que, pese a ser más corto que la prueba de 100 millas, castiga con una tecnicidad que no permite ni un segundo de relax en las bajadas.
La organización ha reforzado los puntos de avituallamiento líquido, conscientes de que el terreno dolomítico, seco y expuesto, no perdona errores de cálculo. El paso por el Val Travenanzes, habitualmente un tramo de transición mental, se perfila este año como el punto crítico donde se decidirá el podio masculino y femenino. Aquellos que no dominen el arte de la gestión térmica verán cómo sus opciones de gloria se evaporan entre las paredes de roca rosa.