Las máquinas quitanieves trabajan a contrarreloj en las 48 curvas de herradura más famosas del ciclismo mundial, pero la naturaleza parece tener otros planes para esta edición de la Stelvio Santini. A menos de 72 horas para que el pelotón de aficionados y ex-profesionales se concentre en Bormio, los informes meteorológicos desde el Paso dello Stelvio confirman acumulaciones de nieve inusuales para junio, lo que pone en jaque el paso por los 2.758 metros de altitud, el techo técnico de las tres distancias en liza.
El fantasma del desvío por el Umbrail
La preocupación en los boxes de los equipos no es el desnivel acumulado, sino la seguridad en el descenso. Si la organización se ve obligada a activar el protocolo de clima severo, el trazado de la Long Route, con sus brutales 4.270 metros de ascenso, podría sufrir una modificación de última hora. No sería la primera vez que el coloso decide quién pasa y quién no, pero este año la tensión es mayor debido al estado del asfalto tras un invierno particularmente agresivo en la Lombardía.
La gestión de los vatios en el muro de Teglio
Más allá de la incertidumbre en la cumbre, la verdadera criba se espera en el ascenso a Teglio. En la Medium Route de 108 kilómetros, los ciclistas se enfrentarán a rampas que superan el 15%, un auténtico rompepiernas que suele dejar las piernas vacías antes de afrontar la ascensión final. Los directores deportivos locales advierten: quien queme demasiados vatios intentando seguir el ritmo de cabeza en Teglio, pagará la factura con una pájara monumental cuando el aire empiece a escasear por encima de los 2.000 metros. Incluso en la Short Route, los 2.280 metros de desnivel no perdonan a quienes subestiman la altitud.
El control de firmas en Bormio será un termómetro de nervios. Con el asfalto húmedo y temperaturas que rozarán los cero grados en la cima, la elección del material será determinante. Se rumorea que varios de los favoritos al mejor tiempo en el tramo cronometrado han optado por desarrollos de 34 dientes, anticipando que la pendiente y el frío convertirán la subida en una batalla de pura supervivencia mecánica y psicológica.