El pulso entre el misticismo y la World Series
El Mont Ventoux no entiende de calendarios comerciales ni de la expansión global de las UTMB World Series. A escasas horas de que Malaucène se convierta en el epicentro del trail europeo, la noticia no está en los despachos, sino en la cota 1.912. Los últimos partes meteorológicos confirman un frente frío que podría obligar a activar los recorridos de repliegue en la prueba reina, la UGP 100M. Con 123 kilómetros y un desnivel positivo de 5.600 metros, el trazado original exige crestas totalmente expuestas donde el cierzo —el temido viento Mistral— ya está soplando con rachas que superan los 80 km/h.
Los corredores de élite que buscan los preciados Running Stones observan con recelo las cumbres blanqueadas. La GEV 100K, que arranca este 25 de abril, presenta un perfil rompepiernas que no da tregua, pero es el paso por el paisaje lunar del Ventoux lo que define la psicología de esta carrera. Si la organización decide recortar los tramos técnicos de pedreras superiores para evitar riesgos de hipotermia, estaríamos ante una carrera radicalmente distinta: más pistera, más rápida y letal para aquellos que basan su estrategia en el puro ascenso vertical.
Duelos en el barro y la piedra
En la distancia MMT 50K, programada para el domingo, el foco se centra en la explosividad. Con 2.500 metros de desnivel acumulado en apenas 51 kilómetros, no hay espacio para la gestión conservadora. Los atletas locales, conocedores de cada single track de la región de Vaucluse, parten con una ventaja competitiva frente a los corredores internacionales que aterrizan en el Grand Raid Ventoux por primera vez. La tecnicidad de los senderos calcáreos, que con las lluvias previstas se convertirán en una trampa de barro arcilloso, pondrá a prueba la propiocepción y la elección de los compuestos en las suelas.
Para los que optan por la TDC 20K, la velocidad será de vértigo. Son 26 kilómetros de puro fuego en las piernas donde el muro de los mil metros se alcanza casi sin calentar. El ambiente en Malaucène es eléctrico, pero la mirada de los veteranos sigue fija en la cima. En el Ventoux, la gloria no se negocia con la organización, se le arrebata a la montaña si ella permite el paso.