Tadej Pogačar no estará este domingo para defender su corona en las hojas muertas, y esa es la noticia que ha sacudido los cimientos de Bérgamo antes de que el primer dorsal tome la salida. Tras su durísima caída en la Vuelta, el esloveno deja un vacío de poder que convierte a la Gran Fondo Il Lombardia Felice Gimondi MediaWorld en un polvorín de ambiciones. Sin el caníbal en el pelotón, el abanico de favoritos se abre de par en par, pero el asfalto no será más benevolente: el nuevo trazado de 109,5 kilómetros con salida y meta en Bérgamo es una oda al desnivel acumulado que no admite debilidades.
El gran ogro de esta edición es, sin duda, el Valico di Valcava. No es una subida, es una tortura de 12 kilómetros que en su tramo final escupe rampas del 17%. Aquí no hay drafting que valga; es un sálvese quien pueda donde el ácido láctico dictará quién llega con opciones a la segunda mitad del recorrido. Tras coronar, el pelotón se adentrará en las tierras de Felice Gimondi, pasando por Sedrina antes de encadenar el Miragolo San Salvatore y el Passo di Salmezza. Es un terreno rompepiernas diseñado para castigar a quienes no hayan gestionado bien los geles o pequen de optimismo en los primeros muros.
Para los que buscan una experiencia algo menos agónica pero igualmente técnica, la versión con salida en Cantù mantiene el espíritu de la clásica, aunque todas las miradas están puestas en el epicentro oróbico. La clave estará en el descenso de Selvino, una bajada técnica de 19 horquillas donde se puede ganar tiempo o perder la carrera antes de afrontar el último escollo: la Boccola. Esos últimos metros sobre pavés, subiendo hacia la Ciudad Alta de Bérgamo, serán el juez de paz para un grupo que llegará totalmente desgranado.
Con una previsión meteorológica que amenaza con el típico frío húmedo del otoño lombardo, la gestión de la temperatura y la trazada en las curvas sombrías serán críticas. Sin Pogačar para reventar la carrera a 50 kilómetros de meta, la batalla táctica entre los especialistas de las Ardenas y los escaladores puros promete un espectáculo de supervivencia. Quien quiera suceder al esloveno tendrá que demostrar que tiene las piernas para domar la Valcava y el corazón para resistir el empuje de un grupo que, por primera vez en años, se siente capaz de ganar.