Selemon Barega no viene a Manchester a pasearse con su oro olímpico; viene a defender un territorio que el año pasado reclamó con unos brutales 27:49. El etíope encabeza una start list que quita el aliento en esta edición de la AJ Bell Great Manchester Run, pero esta vez el asfalto de Deansgate no será una alfombra roja. El duelo está servido con el uruguayo Santiago Catrofe, que se quedó con la espina clavada del segundo puesto en 2025, y un Vincent Ngetich que ya sabe lo que es romper la cinta de meta en esta ciudad.
Un 10K con aroma a Major
Lo que hace que esta semana el ambiente en los boxes de salida esté eléctrico es la densidad de talento en el cuadro femenino. No es habitual ver a una ganadora del Maratón de Nueva York como Sheila Chepkirui bajando al barro de un 10K contra una especialista de la talla de Konstanze Klosterhalfen. La alemana, con su zancada eléctrica, buscará asfixiar a las maratonianas en los tramos llanos de Portland Street antes de que el ácido láctico dicte sentencia. Es, sobre el papel, una de las carreras de 10 kilómetros más rápidas que veremos en suelo europeo este año, especialmente con el incentivo añadido de que este evento acoge el Campeonato Británico de la distancia.
Mientras los ojos del mundo se centran en la velocidad pura del 10K, la Half Marathon abrirá fuego a primera hora con 38.000 corredores buscando evitar la temida pájara en los kilómetros finales. El trazado, aunque técnicamente llano, exige una gestión de ritmo impecable para no quemar los cartuchos antes de llegar a las zonas de animación de Salford Quays. Aquí no hay single tracks ni desnivel acumulado que valga; es una batalla de vatios y cadencia contra el crono.
El factor meteorológico y la 'conexión Connecticut'
Los partes meteorológicos para este domingo en el noroeste de Inglaterra apuntan a un cielo cubierto con rachas de viento que podrían alcanzar los 38 km/h. Para un corredor de élite, esto significa que el drafting será vital. Nadie querrá tirar del grupo en los tramos expuestos cerca de Old Trafford, lo que podría convertir la carrera en un juego táctico de gato y ratón hasta el último kilómetro.
Además, hay un billete transatlántico en juego. Gracias al nuevo hermanamiento con la Manchester Road Race de Connecticut, los mejores británicos no solo pelearán por el título nacional, sino por una invitación directa para cruzar el charco en noviembre. El asfalto de Manchester nunca ha estado tan caro.